Hace algunos años alguien dijo algo muy sensato, a pesar de que nos invadía el influjo de un cabernet sauvignon bautizando una generosa porción de asado preparada con militante artesanía por el Chino.
Este amigo sostenía que uno de los males que aquejaban al País era que las palabras habían perdido el significado.
No lo entendí en principio, pero ayudó mi comprensión el realizar un ejercicio mental que consistía en establecer comparaciones entre
palabras e imágenes que las designaban, allí resultó todo más sencillo.
Brotaron un sinnúmero de grafías y figuras, recuerdo entre otras la cara de Lanata y el texto "periodismo independiente" o, la palabra
eficiencia al lado del rostro de Mauricio Macri.
Ahí comencé a preocuparme, porque en un lugar donde las palabras tienen un significado deforme, es imposible construir una idea, articular un discurso y ejecutar una acción de gobierno.
Por eso recurrí a las fuentes de mi formación política y revisé concienzuda y profundamente los discursos y las ideas de los hombres de F.O.R.J.A., de manera principal pero no exclusiva.
El resultado de esas investigaciones resultaron muy elocuentes,esclarecedoras y sorprendentemente vigentes, por eso quiero compartirlo con las compañeras y los compañeros, así pues me tendrán semanalmente en el blog de mis hermanos.
Navegamos aguas que el enemigo se va a ocupar de volver cada vez más borrascosas, necesitamos ser muy claros y certeros para atravesarlas.
De forma inmejorable lo sintetizó el viernes la compañera Cristina "debemos estar unidos y organizados para profundizar la trasformación de nuestro País iniciada en el 2003".
Allí va un articulo de la revista "Línea" del año 1948, donde Homero Manzi se refería a "lo popular" con una medulosa sencillez.
Homero Manzi y lo popular1
Revista Línea, 6 de mayo de 1948
“Alguna vez, alguien que sea dueño de fuerzas geniales, tendrá que realizar el ensayo de la influencia de lo popular en el destino de nuestra América, para, recién entonces poder tener nosotros la noción admirativa de lo que somos.
Esta pobre América que tenía su cultura y que estaba realizando tal vez en dorado fracaso, su propia historia, y a la que de pronto, iluminados almirantes, reyes ecuménicos, sabios cardenales, duros guerreros y empecinados catequistas ordenaron: ¡Cambia tu piel, viste esa ropa, ama a este Dios, danza esta música, vive esta historia!
Nuestra pobre América que comenzó a correr en una pista desconocida, detrás de metas ajenas y cargando quince siglos de desventajas.
Nuestra pobre América, que comenzó a tallar el cuerpo de Cristo cuando ya miles y miles de manos afiebradas por el arte y por la fe, habían perfeccionado la tarea en experiencias luminosas.
Nuestra pobre América, que comenzó a rezar cuando ya eran prehistoria los viejos testamentos y cuando los evangelios ya habían escrito su mensaje; cuando Homero había enhebrado su largo rosario de versos, y cuando el Dante había cumplido su divino viaje...
Nuestra pobre América a la que parecía no corresponderle otro destino que el de la imitación irredenta (...)
¿Para qué nuestra música, nuestros dioses, nuestras telas, nuestra ciencia, nuestro vino?
Todo lo que cruzaba el mar era mejor y, cuando no teníamos salvación, apareció lo popular para salvarnos.
Instituto del pueblo, creación del pueblo, tenacidad del pueblo.
Lo popular no comparó lo malo con lo bueno. Hacía lo malo y cuando lo hacía, creaba el gusto necesario como para no rechazar su propia factura y, ciegamente, inconscientemente, estoicamente, prestó su aceptación a lo que venía de sí mismo y su repudio heroico a lo que venía desde lejos.
Mientras tanto lo antipopular, es decir lo oculto, es decir lo perfecto rechazando todo lo propio y aceptando todo lo ajeno, trataba esa esperanza de ser, que es el destino triunfador de América.
Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre argentino, me he impuesto la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, todo lo que llega al pueblo, todo lo que escucha el pueblo”
El Caniche Tano