Por Liliana Herrero:
Juan Falú desde Japón, me ha enviado este texto sobre nuestra participación en
Cosquín junto a Lilian Saba y Marcelo Chiodi.
Con su autorización lo publico.
abrazos a todos. Liliana Herrero
CAOSQUÍN
27/01: Llegamos a unas cabañas alquiladas cerca de Cosquín Liliana Herrero,
Lilian Saba, Marcelo Chiodi y yo, para ensayar los temas a presentar el 29 en
Caosquín.
28/01: Empezaron a sonar lindos los temas. Hubo unas lágrimas de Liliana y
Lilian al tocarlos, sobre todo con Milonga del alucinado, No te puedo olvidar y
Vidala del nombrador. Decidimos que esta vidala sería el tema de cierre, porque
nos parecía abismal la composición y a tono la versión. Muy fuerte, pero fue el
tema que no pudo ser.
Les dijimos a nuestros asistentes, Majo y el Colo, que la prioridad era
conseguir prueba de sonido. Esperábamos también un horario central, por la
propuesta de homenaje a Eduardo Falú y por la trascendencia que los medios
estaban dando a esa propuesta.
29/10 por la tarde: Majo y el Colo nos informan que no habrá prueba de sonido y
tocaremos en el orden 21°. Se calcula que a las 03.00. Después nos pasaron al
orden 14° y se calculaba la presentación a las 00.30. Pero tocamos a las 03.30,
así que pueden imaginarse a qué hora habríamos tocado si aparecíamos en el
orden 21°
El Colo me dice que Scotto, miembro de la Comisión del festival hacia el que
siento un sincero y mutuo afecto, me manda pedir disculpas por el orden de
presentación y que “no saben qué hacer con tantas presiones”.
Llamo a Scotto dos veces para que me comente personalmente la situación. No hay
respuesta. Pido por mensaje que me llame. No hay respuesta. Le digo al Colo:
decile a Scotto que si vamos en estas condiciones, voy a expresar mis críticas
en el escenario. No pudo decirle nada, porque no logró comunicarse.
Cunde la bronca entre nosotros. Después el desaliento. Después, a acomodarse
para salir como sea. Pensamos en las “presiones”. ¿De la política? ¿De
sindicatos? ¿De Sellos discográficos? ¿De productoras artísticas?
En ese contexto, ¿cómo pueden hacerse valer un artista y/o una propuesta
artística, si carecen de esos padrinazgos?
Imagino: los productores de ciertos artistas esgrimen su argumento infalible:
mi artista es taquillero, así que me lo ponés en horario central y con prueba
de sonido. La comisión cumple y el taquillero prueba media hora, una hora, una
hora y media. Junta público en la prueba, se engolosina y sigue probando. Todo
suena claro y fuerte porque todos están enchufados, ellos y sus instrumentos. Y
siguen y siguen probando y que los demás se caguen. Los demás son artistas,
colegas supuestamente (yo hace rato que no me siento colega de algunos artistas
banales con discurso populista pero con una superficialidad, un narcisismo y un
individualismo que me agota toda paciencia y posibilidad de comprensión).
29/01 por la noche: Se pasa el horario previsto. A la 01.00 ya habían sonado
unas decenas de chacareras, fuertes y claras. A las 02.00 otro tanto. A las
03.00 también.
Me encanta el folclore santiagueño.
No me encanta que se ocupe una noche casi entera con chacareras y se relativice
al resto de las propuestas. Es así este Caosquín, taquillero, popular, de altos
volúmenes para alimentar efusividades. La misma técnica usan los comerciantes
poniéndoles música tecno a los laburantes para que no se duerman.
Pienso: para qué carajo vengo si ya sé cómo es. Me respondo: es mi desafío. Me
ha ido generalmente bien.
Pero pienso también: si me ha ido bien y en cierto modo se reivindicó mi presencia
como el retorno de cierta intimidad, de la guitarra no enchufada, esta vez
regreso bien acompañado. De lujo, con Liliana, Lilian y Marcelo y las canciones
de Eduardo. Esperaba que la Comisión tomara la propuesta como un aporte, en
medio de un panorama marcado por esa euforia, esos volúmenes, esas palmas que
si aparecen confirman el éxito y si no aparecen decretan el fracaso.
30/01: entramos al escenario pasadas las 03.30. Un rato antes Liliana lo cruza
a Marcelo Simón, se queja por las circunstancias de nuestra presentación y
Marcelo le dice: “no sabía que venías con Juan Falú” (¿?????) y también:
“quejate con Juan Falú”.
Me llamó la atención que Marcelo Simón no nos presente, conocedor y admirador,
como lo es, de Eduardo y su obra. Pienso íntimamente que en realidad lo admira
tanto a Eduardo que no le convence mi status artístico (esto lo pienso desde
hace tiempo, pero me lo banco porque nadie está obligado a gustar de lo que
hago).
Su ausencia al momento de nuestro ingreso era un dato más de cómo se estaba
valorandonuestra propuesta: sin prueba de sonido, sin comunicaciones previas, sin
horarios de mayor alcance televisivo, sin el presentador central.
Ya en el primer tema sentimos las falencias del sonido. Liliana y Lilian no
escuchaban la guitarra. Yo escucha apenas mi guitarra y nada el teclado. Eso
significaba tocar adivinando. Pedí al sonidista hacer algo. La cosa no cambió y
me despaché con todo.
NO CONTRA LOS SONIDISTAS, QUE SIEMPRE ME BANCARON, SINO POR LA DECISIÓN DE LA
COMISIÓN DE NO INCLUIRNOS EN LAS PRUEBAS DE SONIDO PREVIAS. Una guitarra
criolla debe probarse pues ya no se sabe cómo hacerla sonar al no estar
enchufada. Es un tema que sufro hace mucho tiempo.
Se me soltó la chaveta y seguí hablando: de las pruebas de sonido selectivas,
de la falta de valoración de propuestas artísticas diversas, y de nuestro
destino de tener que sacrificar símbolos fuertes de la cultura (como esta
guitarra) en aras de los altos volúmenes de nuestro folclore enchufado, gritado
y lleno de palmas.
Se escuchaba, para colmo, el sonido de peñas aledañas. Claro, esa aberración de
tener que tocar en el mayor encuentro folclórico del continente con sonidos
paralelos, no se nota en los números enchufados y chequeados en pruebas
previas. Toda una opción estética.
Yo estaba fuera de todo equilibrio. Me quedé sin la poca voz que tengo. Me dí
cuenta en Trago de sombra que no podía cantar. Estaba tenso (me escriben amigos
que se notaba en el rostro).
Viendo y escuchando esa interpretación me siento destrozado, con una angustia
que puede durarme meses, y leyendo comentarios que me definen como un
oportunista, que me recuerdan las opiniones de algunos tucumanos cuando leí el
poema sobre Bussi de Néstor Soria, dos años antes. Hablaban de mi afán de
buscar unos minutos de gloria en Cosquín y hasta me mandaban a la hoguera por
ser un zurdo de mierda y tener un hermano que no está más porque “algo habrá
hecho”.
Habló Liliana. Dijo que era difícil cantar así y que no esperaba tanto descuido
frente a un homenaje a Eduardo Falú. Fuimos aplaudidos en cada intervención
oral.
Pero nos sacaron del escenario, antes de hacer la Vidala del Nombrador. El tema
fuerte, el cierre, la despedida. Pavada de simbolismo: nos quedamos sin el
Nombrador.
Igualmente pudimos nombrar, llamar las cosas por su nombre, y desnudar las
estéticas esclavas de la perversidad del mercado, cuando manda y atropella la
cultura y la razón.
Durante nuestro desalojo, Marcelo Simón ensayó un discurso anticensura. Quiso
decir que no teníamos derecho a sentirnos censurados, cuando nos estaban
sacando del escenario. Habló de dictadura y democracia, de mi hermano
desaparecido y la solidaridad que recibí por la megacausa que trataba su caso
(¿????)El público gritaba por nuestra vuelta. DE ESE RECLAMO POCO SE DICE EN
LAS DISCUSIONES ACTUALES. FUE CONTUNDENTE, MASIVO Y PROLONGADO.
Caosquín, decididamente.
Ahora habría que ver como juegan los diferentes argumentos y posiciones frente
a la opinión pública. Marcelo Simón tiene micrófonos. Inclusive los usó en el
programa de Larrea para insinuar que fui influenciado por Liliana Herrero,
presunción que rechazo absolutamente. Liliana fue extremadamente cuidadosa para
conmigo, pues se consideraba mi invitada. Además, tenía mi total consentimiento
para expresarse como quisiera, dadas todas las frustraciones previas que
veníamos masticando ese mismo día.
¿Qué tal una polémica seria frente los micrófonos de Radio Nacional?
Creo que Marcelo Simón, como referente coscoíno histórico, debiera convocarla,
invitando a portadores de miradas diversas. Eso sería más democrático que
usufructuar esa suerte de “reserva del aire”. Las cartas están jugadas y esa
discusión ya está instalada, con o sin micrófonos.
Yo mismo siento esa discusión internamente, pues durante mucho tiempo cuestioné
Cosquín y luego me fui acercando con la intención de apoyar sus aires nuevos
que, reconozco, fueron propuestos por la actual comisión seis años atrás.
30/01, 04.30: me entrevistó un señor aparentemente ligado a la Comisión: “la
comisión entiende que usted arengó al público y eso les molestó . Le dije que
si arengar es incorrecto, que cambien toda la programación, porque casi todos
quieren arengar al público, solo que para pedir palmas. Si en medio de tanta
arenga, la nuestra sirvió para pensar críticamente, bienvenida sea.
Fui inmediatamente a hablar con otro miembro de la comisión, pues mi amigo
Scotto se retiró ofendido (agradecé que te pagamos, le dijo a Liliana). Hablé
con González. Le dije más o menos lo que aquí relato. Se quedó callado y
parecía tan golpeado como nosotros. Por eso pienso que no debe personalizarse
esta pelea. S e trata más bien de una batalla cultural, en ideas y
realizaciones.
¿Porqué pasar por todo esto? Son muchos los que nos recuerdan que fuimos
portavoces de
un descontento general y se han solidarizado con lo sucedido.
Pero siento que esta vez mi exposición me está devorando. No la busqué. Ahora
debo pensar en los próximos pasos, entre refugiarme en mi guitarra para sacar
desde allí las palabras más profundas, o entrar al ruedo de la discusión
desatada. Seguramente haré ambas cosas, como siempre.
Mucho se supone de Caosquín. Esta vez, las opiniones vienen desnudando buena
parte de una trama que ofende a millones de argentinos que aman su tierra, su
cultura, sus raíces y sus frutos.
Juan Falú, febrero 2014 —