martes, 8 de diciembre de 2009

EVOcando a BOLÍVAR

No podemos ni debemos dejar pasar este hecho histórico, esta aplastante derrota que le inflingió el pueblo boliviano, encarnado en su presidente Evo Morales, al poder de la derecha oriental. En lo particular digo que no debo dejarlo pasar porque no quiero ser cómplice del silencio de los medios de comunicación de este país, porque en ese silencio se esconde el rencor de la derrota, a la que hacen, por ese mismo motivo, claramente propia. Porque propios hicieron los ecos de los medios privados de comunicación bolivianos, los manejados por la oposición de derecha, los que maliciosamente intentaron golpear al presidente en varias ocasiones.

Por eso tengo la necesidad y la casi obligación de vindicar este hecho. El pueblo boliviano volvió a mostrar su fibra política y sus no ganas de someterse. Será que cuatrocientos años de oprobios y esclavitud empiezan a mostrar su colofón. Que así sea. La opresión ahora es desde adentro, obviamente apoyada siempre por las multinacionales, con grandes intereses gasíferos, y el poder oriental, un archipiélago de departamentos liderados por Santa Cruz, el más rico del país. Una zona de explotación de soja (¿les suena?) y extracción de gas y petróleo, con altos estándares de vida, casi europeos, muy diferentes a los del occidente paupérrimo.

Pero este pueblo ya no quiere seguir oprimido, y lo demostró, con el casi 63% de los votos. Dijo que quiere un proyecto de nación integral. Claro, cómo van a querer a Evo, si propone una redistribución de la riqueza, que los que más ganan sustenten a los más empobrecidos, y no por no trabajar… si dicen los bolivianos que “es hombre débil el que empieza a trabajar cuando sale el sol, y termina antes de que éste se esconda…”.

Todo dicho, un presidente que impuso regalías que están dentro de las más altas en América Latina, que nacionalizó los hidrocarburos, que creó una ayuda para todos los niños, el llamado bono Juancito Pinto, que es universal. Pero claro, esto sale de lo que recaudan los estados más ricos, y ahí aparece la mezquindad y el egoísmo de los pocos que disfrutan de las mieses que brinda la tierra y su subsuelo.

Pero tuvieron que retroceder. De cualquier manera, resulta aventurado sostener que el poder está de rodillas. No nos olvidemos de Honduras: allí el poder retrocedió sólo unos pasos, y no hay que dejarlo avanzar.

Sería grotesco pedir un poquito de esa victoria. Igual les pido a los bolivianos que nos permitan sentirla sólo un ratito nuestra, sólo de prestado. Aunque también entendemos que el poder es unívoco: únicamente cambian sus caretas y sus disfraces, pero son lo mismo en todos lados. Nosotros también los vimos aparecer disfrazados de “oposición”, pero son el mismo enemigo, igual al cruceño, con los mismos sentimientos abyectos.

Se me viene una frase dicha tristemente por Simón Bolívar sobre el final su vida, ya derrotado y solo: “Aramos en el mar”. Parece que no. Araron y empezó la cosecha. Y no sólo Bolívar, también San Martín, Sucre, Moreno, Belgrano, el Che, y tantos otros. La semilla germinó. Tardó, pero acá está. Esperemos que crezca y seamos sus tutores allá donde se sostenga.

Bolivia está de pie, y no piensa arrodillarse nunca más.

Caniche Julián

2 comentarios:

  1. El pueblo boliviano, en la avanzada de la recuperaciñon de la dignidad y la unidad suramericana, todo mi respeto para los dignisimos luchadores hermanos bolivianos. Buen post Juli.

    ResponderEliminar
  2. argentinolibre@hotmail.com9 dic. 2009 17:01:00

    Trabajo en la construcción con compañeros bolivianos.Construyen mejor que nadie;hablando muy calmos, avanzando incesantemente, con humildad conmovedora.Sin pausa y sin dudas edifican, hacen de la construcción un destino. Como Evo. El auténtico constructor.

    Salud, pueblo boliviano!

    ResponderEliminar

Volvemos a dejar libre la posibilidad de comentarios. Estuvimos obligados a moderarlos por la cantidad de trolls que intentaban desvirtuar el debate. Pero bueno, preferimos que sean ustedes mismos los que, coincidan con nosotros o no, pero perticipan de buena leche; quienes ignoren a los tontos o maquinas de ensuciar, hasta que eliminemos su mugre.