viernes, 16 de enero de 2009

LA PLAYA DEL AMOR




La pregunta es la siguiente: ¿tanta cara de pelotudos tenemos los porteños? Ahora resulta que el Niño Mauricio tira cuatro camiones de arena en la ribera norte y otros cuatro en la ribera sur, clava un par de sombrillas, reparte unas reposeras –todo amarillito, bien Pro– y unas pelotitas del orto, ¿y Buenos Aires se convierte en Ibiza? Con esta “pincelada de glamour”, Mauri nos practica un nuevo tacto rectal, al tiempo que se caga en la identidad de cada barrio para vendernos más cartón pintado, y berreta, mientras hospitales y escuelas se caen a pedazos. En suma, Deshaciendo Buenos Aires.

“Estas playas nos van a permitir que la Ciudad sea más amigable, que todos vivamos mejor y que compartamos el espacio público. Por eso vamos a pasarla bien, a hacer deportes, a conectarse con la cultura y con la arena”, vaticinó al estilo Baywatch el Niño Mauricio junto al Niño Horacio y otros PROctólogos mientras inauguraba dichos engendros, enmarcados en el programa (da vergüenza ajena decirlo) “Buenos Aires Playa”.

Lo cierto es que, luego de la “inauguración” de la “playa” de Parque Roca, y envalentonados por alguna extraña hormona plebeya, el Niño Mauricio y el Niño Horacio salieron a beberse los vientos del sud, cuando de repente el crepúsculo los sorprendió en el corazón de Soldati, a merced de unos muchachones con más entradas que el Google. Al verlos tan tiernos, con sus gorritas amarillas y su cancherísimo calzado naútico, los viandantes soldateños decidieron interactuar de manera amigable:

–Eh, gatos, si quieren pasar por acá hay que dejar un diego pa’ la jarra loca… –sentenciaron en tono imperativo.

–¡Shut up, nigers! –los increpó el Niño Mauricio–. Ustedes están acostumbrados a que les regalen el pescado… ¡¡¡Yo les voy a enseñar a pescar, manga de primates!!!

Acto seguido, los forajidos soltáronles dos perros que hacía seis meses que no sabían lo que era probar carne, y que corrieron a ambos Niños, Mauricio y Horacio, hasta el Monoblock Nº 5, precisamente hasta una puerta que decía “Peinados Pochi”.

–¿Ustedes andan inaugurando playas chicos? –inquirió Pochi, famoso travesti y peluquero del barrio–. Pónganse cómodos que les voy a hacer “cavado” y “tira de cola”, y después, por el mismo importe, le visito los cantos a Horacito mientras Mauri canta “We will rock you” con un tubo de desodorante en el upite. Y nada de gritar ¿eh? No se olviden que la “H” es muda.

¿No es fino?

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