sábado, 18 de julio de 2009

Carta documento a la Sra. Mirtha Legrand:

Para pensar en lo que trasmiten los medios...
Que los medios no golpeen las puertas de los cuarteles.
Defendamos todos los días nuestro derecho a vivir en DEMOCRACIA.

Me dirijo a usted, en mi carácter de simple ciudadano, para solicitarle tenga a bien aclarar —o rectificar— algunas opiniones que vertiera la semana pasada, en su programa televisivo difundido por Canal América, con relación a la situación Política que está viviendo la hermana República de Honduras.
Muchos argentinos tuvieron la posibilidad de verla y escucharla decir, señora, que “no le importaba para nada lo que ocurría en ese país hermano”. Desde luego que soy respetuoso de las opiniones de todos, incluyendo obviamente la suya, pero ello no impide tener presente que el simple uso de la palabra puede resultar agraviante e inclusive llegar al extremo de constituir un delito penal, como lo prueba la existencia de los delitos de calumnias e injurias previstos en nuestra legislación. Lo dicho es al solo efecto de dejar en claro que el uso de la libertad que ejercemos al expresarnos —ya sea para decir lo primero que se nos viene a la cabeza o una firmación previamente meditada—, puede tener consecuencias jurídicas.

Mucho más aún cuando son proferidas por personas ampliamente conocidas como es su caso, y por medios masivos de comunicación que llegan a millones de personas. En este caso, usted expresó —y volvió a ratificarlo un par de días más tarde en su mismo programa y ante otro panel de invitados— que “no le importa lo que ocurre en la República de Honduras”, mientras que la comunidad internacional, los organismos internacionales y la opinión pública en general coinciden en afirmar que el Presidente Zelaya, de Honduras, elegido en forma absolutamente democrática, fue derrocado por un golpe cívico-militar.

Sentí vergüenza ajena al escuchar sus palabras, así como una profunda desazón por la actitud de los invitados al programa ese día -todos ellos políticos que el día anterior habían sido votados por muchos argentinos-, quienes, como toda respuesta, sonrieron ante su exabrupto, denotando al menos complicidad. Me pregunto, como argentino y latinoamericano, y le traslado la misma pregunta, si sus expresiones acerca de la realidad de Honduras ¿debemos tomarlas como una muestra de ignorancia acerca de la historia o -por el contrario- si fueron formuladas con pleno conocimiento de los hechos? Me gustaría creer que su opinión sobre el tema tiene como causa una profunda ignorancia de la historia. Sin embargo, no hace falta ser un experto, basta con ser algo curioso —usted da a entender que lo es— para entender sobre el proceso de formación de los países en el continente americano, y coincidir acerca de las causas que imposibilitaron constituir una patria grande, como soñaban San Martín y Bolívar. En esas mismas razones podemos encontrar las respuestas sobre la reiterada desestabilización e interrupción de procesos democráticos en los países latinoamericanos. Una triste y repetida historia de golpes de Estado, seguidos de cruentas dictaduras, torturas, genocidios y desaparición forzada de personas, dando por resultado todo tipo de violaciones a los derechos humanos.

Le anticipo y le ahorro, señora Legrand, la tentación de querer descalificar esta carta, apelando a categorías políticas nacidas en la Asamblea Legislativa de Francia en 1791, ya que la presente no tiene como sustento una cuestión puramente ideológica.
Cuando se viola la ley, cuando se desconoce la voluntad popular, cuando se derroca un presidente votado por la mayoría del pueblo, la condena a esos hechos no es ni de izquierda, ni de centro, ni de derecha. Es lo mismo que el encuadre legal sobre un Estado que secuestra, mata o hace desaparecer personas. Tales delitos son de lesa humanidad, cualquiera fuera la posición ideológica que cada uno sustente.


Harina de otro costal es que, en general, los reaccionarios tiendan a justificar tales aberraciones. La importancia que tiene preocuparnos sobre la suerte de los procesos democráticos en América Latina es la de construir un reaseguro para todos los pueblos del continente. O al menos, de quienes aspiramos a vivir en países donde la democracia no sea una mera formalidad, sino un instrumento de cambio para lograr sociedades más igualitarias, más justas y más libres. Si no hubiese existido esa preocupación por parte de varios mandatarios de la región, casi seguro que

Evo Morales, el presidente de Bolivia, habría sido derrocado.
Bueno es recordar que dicho presidente fue elegido por la gran mayoría del pueblo boliviano. Mantener la democracia y la legitimidad de los gobiernos de nuestra América Latina no es una cuestión menor. De esa manera, entre otras cosas, honraremos a los miles y miles de muertos que lucharon por patrias más justas, más solidarias, contra la ignorancia, la pobreza y la desigualdad. Si nos desentendemos de la suerte que corren nuestros pueblos hermanos de Latinoamérica, ofenderemos además y muy gravemente al Padre de la Patria.

El sueño del General San Martín fue el de una América Latina unida, una Patria Grande. Se rehusó a pelear contra sus hermanos, pero ofreció volver a pelear cuando ingleses y franceses realizaron el bloqueo en el Río de la Plata, iniciado en 1845. Sería bueno intentar entonces, señora, ser coherentes. Y para ello, no creernos que resulta suficiente con ponerse la escarapela cada 17 de agosto, para demostrar qué tan argentinos nos sentimos ese día. Nuestro General San Martín seguramente estaría hoy peleando por la restitución del Presidente elegido por el pueblo hondureño y del lado de todos los Presidentes americanos que desean luchar por ese objetivo.
Espero que lo hasta aquí dicho la invite a interiorizarse un poco sobre la historia y la ayude a reflexionar sobre las opiniones que ha estado vertiendo públicamente durante estos días pasados.

Ahora bien, si nada de lo que expresara en esta carta constituyera una novedad para usted, de modo que sus opiniones sobre la grave situación de Honduras hubieren sido el fruto de una posición política tomada, entonces habré perdido en vano mi tiempo escribiendo estas líneas.

La saluda atentamente,
Daniel Eduardo Gilibert
Abogado
Gracias Monica Oporto

10 comentarios:

  1. De hecho, has perdido totalmente el tiempo, escribiendo "un tren de inverdades ! El UNICO hecho verdadero, es que el pueblo de Honduras, se defendó como debia: con su fuerza armada, para defenderse de los ataques siniestros, de un aprendiz de dictador, enseñado por el "chavez", comunista deplorable ! Estos maquiavelicos, quicieron "agujerear" la Constitucion y la Democracia, con un "pseudo acto democratico", tal como el plebiscito ! Por tanto, no hubo "golpe"; sino defensa Constitucional de la LEY y el Orden. Los que SABEN, conocen lo que es Constitucionalidad ! Los que no saben..., o no quieren saber..., escriben cosas, como las tuyas y proceden como "chavez" !

    ResponderEliminar
  2. ME NIEGO A CONTESTARLE A ANONIMO, PORQUE DEBE SER UNA BROMA, UN GORILA ASQUEROSO COMO SUPUESTAMENTE SOS, NO ENTRA A ESTA PAGINA , PERO POR LAS DUDAS TE PODES IR A CAGAR.

    ResponderEliminar
  3. La "señora" Mirtha Legrand,vieja gorila, narcisista y asquerosa, se pasó gran parte de los años ochenta llorando frente a cámaras de TV porque nadie le daba laburo a raíz de su rol colaboracionista en épocas de la última dictadura, hasta que la rescató el Sultán Carlo. A nadie debe sorprender que ahora se cague en Honduras. En los años 90 y parte de los 2000, hasta se llegó a decir que esta vieja patética "había crecido muchísimo como periodista", que era "incisiva", una suerte de "fiscal" de la República. Incluso se la premió en reiteradas oportunidades con ese argumento. La existencia de los "autoritarios" Néstor y Cristina puso definitivamente al desnudo quién era quién y para quién trabaja cada uno en este país, dando por tierra con el falso halo democrático que acogió a esta vieja chota, ahora empleada de De Narváez, y a tantos golpistas encubiertos durante más 20 años. Ahora está claro de qué lado están ellos y de qué lado estamos nosotros.

    Anónimo: no te contesto. Pongo el "Cucatrap" y te metés solito.

    Caniche Pipo

    ResponderEliminar
  4. adhiero a los caniches !!! muy bueno !!! mejor imposible !!! habría que hacer lo que hizo alfonsín mandarla a la casa.
    Hay que convencer al compañero Rottemberg de que le levante el programa la vieja se está zarpando mal, se está demenciando, diría mi mamá, saludos mery !!!

    ResponderEliminar
  5. Hola compañero, estamos recorriendo blogs. Con respecto al tema Indec hemos elaborado unos cuadernillos de formación para responder a todas las injurias que se le atribuyen. Estamos a disposicion.

    ResponderEliminar
  6. Yo no creo que le importe mucho lo que le digamos. Es de esas viejas gorilas y golpistas y orgullosas de eso. en fin
    gracias por eso que dejaste en mi blog, de quien es? :)

    abrazo peronístico!

    ResponderEliminar
  7. Los golpistas de Honduras se merecen una invasión como había especulado Chávez y que los fusilen por ratas para que no queden dudas de que el que se haga el loco paga con su pellejo, si no vamos estar con el franeleo continuo, como acá, con los hijos de puta de la mesa de enlace y sus empleados del PRO y la gorda tortillera.

    ResponderEliminar
  8. Maye:
    No es de ningún poeta o escritor, se me ocurrio a mi después de leer tu post ayer.

    Abrazo cumpa.
    El Caniche Chino.

    ResponderEliminar
  9. ¿Cuando terminó la época de oro del cine nacional?
    ¿Habrá sido con la fisuladora?
    ¿Quizás por eso el Marce (gran cafisho, el turro) tuvo que inventar el engendro de los almuerzos?
    Recuerdo que en plena dictadura en los sermones el padre Lalo la cagaba a pedo a la vieja, la verdad entonces mucho no entendía. Y bueno, este curita era una oveja negra que apoyaba a las Madres.

    ResponderEliminar

Volvemos a dejar libre la posibilidad de comentarios. Estuvimos obligados a moderarlos por la cantidad de trolls que intentaban desvirtuar el debate. Pero bueno, preferimos que sean ustedes mismos los que, coincidan con nosotros o no, pero perticipan de buena leche; quienes ignoren a los tontos o maquinas de ensuciar, hasta que eliminemos su mugre.