domingo, 8 de noviembre de 2009

Tres tristes tigres

Por Politica
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A escasos 200 metros del Congreso de la Nación, en sus oficinas del noveno piso sobre la calle Hipólito Irigoyen, Eduardo Duhalde alterna los papeles que le preparan para sus conferencias en Harvard y en el coloquio anual de Idea con las reuniones con punteros y operadores para crear un clima de conspiración.

“Estoy muy preocupado –le dijo el ex presidente a un interlocutor– porque este Gobierno está repartiendo armas. Me llegaron los informes del Renar (Registro Nacional de Armas) y les están dando fierros a todos los grupos piqueteros afines a ellos. Esto va a terminar mal.” Quien dialogaba con Duhalde había ido a tratar otros asuntos; sin embargo, antes de salir de la sede del Movimiento Productivo Argentino se cruzó con otros dos dirigentes duhaldistas que agitaban la misma bandera. El lanzamiento a candidato para 2011, para Duhalde, no es más que una movida del tablero sin ninguna aspiración a ocupar el sillón presidencial. Su objetivo principal es dañar al Gobierno y, para lograrlo, nada mejor que crear un clima de caos. Si la inseguridad es imprescindible en la agenda, mucho más eficaz resulta asustar con la existencia de grupos armados. Y Duhalde no se conforma con sembrar una campaña de opinión pública: en paralelo, estrecha los vínculos tanto con aquellos grupos piqueteros que sí están contra el Gobierno como con otros jerarcas políticos que sólo pueden volver a instalarse en un escenario de caos. De todos modos, Duhalde está más preocupado por sus incapacidades que de sus posibilidades de hacer daño.

Alderete y el PCR. Juan Carlos Alderete es el referente de los desocupados de la (CCC) Corriente Clasista y Combativa. Intransigente total con el Gobierno pero con diálogo con Hugo Biolcati a partir de haber apoyado la guerra gaucha y con buenos vínculos con Duhalde. A principios de octubre, a través del ultraduhaldista Eduardo Amadeo, Alderete se reunió con el titular de la Pastoral Social, Jorge Casaretto para mostrarse en la foto con el obispo de San Isidro en coincidencia de que el principal problema de la Argentina es la pobreza. Sin embargo, el dirigente de la CCC, después de comulgar con el obispo de San Isidro, prefirió atacar al Gobierno justamente cuando se conoció la decisión presidencial de universalizar las asignaciones por hijo, una clara medida para paliar la situación de los hogares pobres. Alderete fue uno de los promotores del extenso corte en la avenida 9 de Julio. Lo más curioso –o grotesco– es que los operadores duhaldistas pedían mano dura, criticaban al Gobierno por no reprimir a los que hicieron el prolongado acampe. Los mismos que esponsorean a Alderete salieron a agitar la necesidad de reprimir la protesta social. En dirección contraria, los dirigentes sociales cercanos al kirchnerismo fueron los que negociaron que tras 30 horas, los piqueteros anti K dejaran libre el tránsito. El mismo Alderete fue quien se reunió con Emilio Pérsico, líder del Movimiento Evita, en un bar cercano al piquete.

La CCC es una agrupación del PCR (Partido Comunista Revolucionario), una escisión del Partido Comunista de 1968 que se presentó como una opción guevarista con simpatías a la revolución china. Desde fines de 1974, el PCR adoptó una posición difícil de justificar: mientras muchos de sus militantes caían en manos de las bandas de la AAA (entre ellos el cordobés René Salamanca, líder del Smata local), calificaron al gobierno de Isabel Perón como “tercermundista”. Si bien trataron de explicarlo con frases de Mao Tse Tung, algunos dirigentes del PCR se aliaban con referentes de la derecha sindical y política del gobierno mientras que se mostraban como furibundos enemigos de los grupos revolucionarios de la izquierda marxista y peronista.

Por esos años, Eduardo Duhalde era intendente de Lomas de Zamora y estaba alineado con el líder metalúrgico Victorio Calabró, quien de vicegobernador provincial saltó a gobernador tras echar a Oscar Bidegain, alineado con los sectores combativos del peronismo. Calabró venía de la tradición patotera y de bandas armadas del vandorismo. Manejó la policía bonaerense como una extensión de la caza de marxistas y peronistas revolucionarios. Duhalde tenía ya una relación privilegiada con la Bonaerense. Sus informaciones fueron muy importantes para que la inteligencia policial fuera clave en la gran ratonera montada en Monte Chingolo, cuando el ERP intentó copar el batallón de Arsenales Domingo Viejobueno, en vísperas de la Navidad de 1975. Cuando Isabel Perón fue desalojada del gobierno y mantenida en prisión, Calabró no dudó en esperar en su despacho a los militares que llegaban para hacerse cargo de la provincia de Buenos Aires, encabezados por los temibles Ibérico Saint Jean y Ramón Camps. La suerte de los militantes del PCR, para esos carniceros, no dependía de los postulados maoístas o de acuerdos espurios con la derecha peronista.

Barrionuevo. El gastronómico Luis Barrionuevo no oculta sus deseos desestabilizadores. El Hotel Savoy, de su propiedad, está a metros del Congreso y es un tradicional lugar de intrigas y acuerdos entre políticos. El año pasado se abrió de la CGT para lanzar una conducción gremial paralela y en una entrevista imperdible que le dio al semanario Noticias aseguró: “Duhalde puede ser presidente”. El gastronómico, sobre el ex presidente, dijo: “Está trabajando a full”. Toda una definición de los incesantes esfuerzos desestabilizadores de Duhalde.

Barrionuevo, desplazado del tablero opositor, quiere ahora jugar sus cartas para ver si un eventual escenario caótico lo vuelve a colocar entre las primeras ligas. En estos días quedó salpicado por las escuchas telefónicas ilegales del agente Ciro James, quien contaba con varias habitaciones –alquiladas– en el Savoy.

Barrionuevo sueña con dos cosas: Eduardo Duhalde presidente y Néstor Kirchner preso o fuera del poder. Si bien se conformaría con alguna de las dos por separado, sabe que su triunfo sería completo con el combo en su totalidad. No confía en nadie más que en el ex presidente interino, a quien todavía no le entiende haberse ido del poder antes que terminara el mandato que le había conferido la Asamblea Legislativa que lo puso como jefe del Ejecutivo nacional en los primeros días de 2002.

Por las dudas, Barrionuevo no descuida su excelente relación con Enrique Coti Nosiglia y sigue, sigilosamente, todo lo que puedan hacer sus amigos radicales para llevar a Julio Cobos a la presidencia en 2011. En ese esquema, ya se siente desplazando a Hugo Moyano, quemado por su kirchnerismo furioso y su ataque a los medios de comunicación.

De todas formas, sus últimas apuestas naufragaron. No pudo ser la pata sindical del peronismo disidente a pesar de todo lo que hizo para congraciarse con Francisco de Narváez. Felipe Solá ni lo considera y con el resto, como Carlos Reutemann, sólo tiene aproximaciones. Duhalde es el único que le garantiza que “no quedará afuera” y por eso juega fuerte. Luisito es uno de los pocos que entiende el juego de Néstor Kirchner, de apostar a todo o nada y por eso siempre pretende devolverle el golpe, aunque la mayoría de las veces lo debe hacer debajo de la superficie, porque nadie quiere quedar junto con él en la misma foto.

El caniche Chino

4 comentarios:

  1. Excelente Chino caniche. Un informe de la hostia pues.

    A mi se me puso que su meta es el 25 de Mayo del año que viene. Osea, lograr el derrocamiento antes de esa fecha. Patético y nefasto.

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  2. sabes que pasa Manuel, esa es la manera de festejar de Duhalde el bicentenario: Haciendo Duahaldadas.
    vamos a impedirlo!
    saludos !

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  3. Brillante análisis. Te felicito.

    FC

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  4. todo bien,solo que no coincido con el duhalde presidente, presidente por entrar por la puerta de servicio, solo por eso, lo demás
    muy bueno.
    saludos.

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