miércoles, 25 de marzo de 2009

VELEIDADES Y ESPEJISMOS DE LA CLASE MEDIA ARGENTINA


CAPÍTULO 2: LA "ALIANZA"

La historia de un amor no correspondido que deparó coimas para enterrar a la clase trabajadora, un “blindaje” ficticio, un desfile de ministros impresentables, “megacanje”, reducción de salarios y jubilaciones, corralitos, cacerolazos y 38 muertos por el capricho de un oligofrénico. La única virtud de aquella “Alianza” fue sintetizar, en un solo paso y en tiempo récord –sólo dos años–, las dos fases de la dialéctica: tragedia y parodia.

A fines de los ’90 nacía este experimento electoralista que enmaridó a la UCR, el partido más antiguo de la Argentina, con el Frepaso, una fuerza aún en pañales, sin estructura nacional. Separados no podían ganarle a un justicialismo en decadencia. Juntos, sacaron el 40% de los votos en 1999, llevando a la presidencia al conservador Fernando De la Rúa junto al peronauta Chacho Alvarez. No obstante esto, el justicialismo colocó gobernadores en las provincias más populosas y una bancada mayoritaria en la Cámara de Senadores.

La Alianza criticaba la política de los 90 y proponía un confuso cambio de enfoque político, pero no mostraba ninguna intención de torcer el rumbo económico heredado. Esto pudo adivinarse de entrada en el spot publicitario en que “Neuronita” De la Rúa –lejos de los postulados del glorioso yrigoyenismo– aparecía vestido como el inspector Gadget, rodeado por un grupo Swat y pregonando “Conmigo, un peso, un dólar”. Luego vendría un programa de gobierno pletórico de contradicciones internas y carente de base social, capitaneado por el grupo “Sushi”.

Una de las banderas de la Alianza fue “terminar definitivamente con la corrupción”. Sin embargo, la primera gestión de gobierno consistió en poner cinco millones de dólares para sobornar senadores a efectos de sacar sí o sí la Ley de “Flexibilización Laboral”. Fue famoso el episodio en que Alberto Flamarique, ministro de Trabajo “progre”, se jactaba de que resolvería el entuerto con la tarjeta “banelco”, engrosando las cuentas bancarias del senador José Genoud, el titular de la Side Fernando De Santibáñez, el “arrepentido” Mario Pontaquarto y los senadores del PJ Emilio Cantarero, Alberto Tell, Augusto Alasino, Remo Costanzo y Ricardo Branda, todos procesados tras denuncias de Hugo Moyano y el sempiterno Tony Cafiero.

Tiremos un pantallazo de esos maravillosos dos años, que bien podríamos bautizar “Un veranito en Sierra Leona”: banelco + renuncia de Chacho Alvarez + suba de impuestos + gran incertidumbre + “blindaje” económico y caída de Pedro Pou en el BCRA + caída de Machinea + breve y agitado paso del vehemente poligarca López Murphi + recorte de sueldos a empleados de la APN y jubilados + llegada de Cavallo + renuncia de Gorililita Carrió y arribo de Patito Bullrich + convergencia + convertibilidad ampliada + “megacanje” + “déficit cero” + problemas financieros + salidas de depósitos + corralito + crisis política e institucional = HELICOPTERO. ¡Qué talento y qué velocidad para hacer cagadas!

Cuando le tocaron los depósitos, la misma clase media que los había votado salió a cacerolear con sus woks y sus fritolines. Casi sin quererlo, terminaron sumándose a la rebelión popular que terminó con 38 muertos y centenares de heridos y detenidos ilegalmente durante las jornadas del 19 y el 20 de diciembre de 2001, con la complicidad de los poderes político y judicial. Mientras esto sucedía, De la Rúa tomaba sopa con un tenedor y respondía “no, no y no” a cualquier requisitoria periodística sobre su posible renuncia.

En el proceso por aquel genocidio, Ferchu alegó que no sabía qué pasaba, porque no vio televisión, no escuchó radio, no se asomó a las ventanas ni nadie le avisó que el país estaba en llamas y mataban gente en las calles cumpliendo su orden de despejar la plaza. Es más, aparentemente, un asesor le avisaba en qué momento debía guardar el pene dentro del pantalón luego de orinar. Después cambió el argumento: le echó la culpa al entonces ministro del interior, Ramón Mestre, que estiró la pata justo cuando iba a ser interrogado. Ahora De la Rúa está escribiendo sus memorias, y dice estar “arrepentido, únicamente, de haber dejado la Casa de Gobierno en helicóptero”. Claro, lo ideal hubiese sido que se vaya en el dirigible de La Serenísima.

Definitivamente, con la Alianza hemos asistido a una típica “receta centroizquierdista” del neoliberalismo que, ante la ausencia de alternativas reales, terminó perfilándose como el “mal menor”. Nos queda el consuelo de saber que muchos caniches, radicales y peronistas de una pieza, no se doblaron y supieron dar un portazo digno y preciso. A quienes no votaron este engendro, nuestras condolencias, y a quienes lo votaron, ¡bon apetit!, y a llorar a la iglesia.

1 comentario:

  1. ...vaya que bon apetit, me senti como si me hubiera tragado una tonelada de sapos. Lo admito, vote a ese mequetrefe solo por miedo de lo que podria hacer el cazador de escualos (que decia no ser me*emista pero habia sido vice del patilla!!!!). La historia me enseño que hay que estar con el nivel de deteccion bien alerta. A veces el mal menor no es tan asi...

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